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sábado, 11 de septiembre de 2010

La pasión de dos mil indígenas da vida al Atlético Maká - Paraguay

El Atlético Maká se fundó el 3 de enero de 1986, siendo su presidente Andrés Chemei, el cacique de la etnia maká, que tiene su comunidad en el barrio Universo de Roque Alonso, a escasos 13 kilómetros de Asunción.

Los vestidos de amarillo compiten en la Liga Deportiva Mariano Roque Alonso, en la que inicialmente incursionaron con un fútbol rudimentario, de nivel bajo, para luego ir creciendo hasta conquistar títulos en las categorías menores.

Una regla no escrita es que el que pide plata, es persona no grata. Pueden sobrar muchas otras cosas, menos dinero, existiendo a veces la necesidad de caminar kilómetros para jugar en condición de visitante, siendo más agotador el traslado, que el propio juego oficial.
En medio de la pobreza, existen en el asentamiento aquellos que tienen aparatos de DVD, que escuchan música electrónica y tienen "play station", pero son casos excepcionales, porque hay jugadores que deben esperar que sus colegas terminen de entrenar para pedir prestados sus botines, ya que practicar descalzo, a esta altura, "no pega" y como mínimo se exige un calzado deportivo para acostumbrarse a tener algo en los pies, para animar los cotejos de liga.

Una norma impuesta es también dar lugar en el principal elenco a aquellos que entrenen, porque existen unos cuantos de mayor capacidad que se hacen el "indio" y que desean que los directivos les vayan a buscar.

Son tantas las necesidades que tienen, que no poseen los lujos como contar con un kinesiólogo, un médico, o un botiquín en caso de que alguien se lastime. Y hablar de concentración y demás cosas para las confrontaciones clave, es referirse "a otro mundo".

En caso de registrarse lesiones en el campo, la cuestión es derramar agua y que el futbolista ingrese lo antes posible tras la asistencia, que queda a cargo de alguien de buena voluntad. Claro, llevar la jarra y derramar el líquido en la zona afectada, como que no cuesta nada.

A la entrevista asistieron el secretario y delegado Mateo Martínez Mateiko, el encargado del "call centro" (centro de llamadas en caso de que alguien desee echar una mano). El dirigente es director de la escuela maká Angel Kunaití, oficiando de traductor para poder dialogar al menos brevemente con el director técnico -recientemente nombrado-, Blas Naitsiwit Duarte, y dos futbolistas referentes del grupo, el volante Sebastián Tsaqatiyik Villas, de 23 años, y José Yaqanij Velázquez, el pelilargo "wing" de 18 años, quienes solo hablan en su idioma, por lo que resultó complicado intercambiar algunas palabras con los mismos y solo tuvieron una intervención gráfica.

El club cuenta con su cancha, alambrada "olímpica" y más nada. Los atletas intentan guardar cordura, pero no tienen otra alternativa que equiparse al costado del campo, frente al público, mientras que los árbitros se cambian en una pieza del vecino. Si bien los aborígenes tratan de demostrar la corrección debida siendo los anfitriones, también son de reclamar los fallos que, a su criterio, resultan perjudiciales.

En cuanto al fútbol, las referencias dicen que existen más "picapiedras" que talentosos, aunque los números indican que, de un tiempo a esta parte, está nivelado el historial entre los resultados positivos y los insatisfactorios, quedando como materia pendiente la obtención del título en la primera división, algo que inicialmente se tenía como una cuestión secundaria, porque lo que los nativos querían era jugar, sin importar el resultado, aumentando ahora el nivel de exigencia. Y como los casi dos mil componentes de la tribu están "a muerte" con el Atlético, los jugadores tienen la obligación moral de mojar la camiseta, si tienen para utilizarla, porque hay veces en que se debe recurrir al "archivo", a las vestimentas viejas, agujereadas y descoloridas.

El doctor Nicolás Leoz, presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, es el que generalmente colabora con el club con los atuendos, pero los aborígenes consideran que golpear siempre la misma puerta no es para nada grato y esperan la solidaridad de otros deportistas para seguir dándole vida al Atlético.
Si bien los jugadores maká saben que el esfuerzo que hacen alcanza solo para ayudar a la comunidad, ellos también anhelan tener un mejor pasar, contar con todas las comodidades, los materiales necesarios para que esta experiencia con la pelota sea cada vez mejor. Sus aspiraciones no son lejanas, como que sus goles se proyecten por ESPN o algún otro canal internacional, tener una página web, que cuenten con correo electrónico, poder chatear con la afición, ni nada por el estilo. Con contar con vestimentas adecuadas, botines que valgan la pena, vestuarios y un rincón para los espectadores, ya se sentirían inmensamente felices. Y una frase dice que "la manera de conseguir la felicidad es haciendo felices a los demás".

web info - http://iabc.com.py/2005-04-11/articulos/171883/la-pasion-de-dos-mil-indigenas-da-vida-al-atletico-maka